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Historias de superación personal

No es fácil liquidar los problemas, siempre queda una huella, pero podemos darles otra vida, una vida más soportable y a veces incluso hermosa y con sentido. (Cyrulnik, 2001)

Ana L. Cortón

Hace unos días tuvo lugar el Congreso de lo Que de Verdad Importa. En él, personas destacadas, a veces más o menos conocidas, cuentan su historia de superación personal con el objetivo de infundir en los jóvenes el deseo de ser mejores personas, ayudar a los demás, relativizar los problemas y focalizar más en aspectos experienciales que en los materiales. En definitiva, se trata de recordar el valor de las personas y no sucumbir ante la adversidad o caer en el victimismo.

Boris Cyrulnik (2009), psiquiatra francés, el cual fue arrestado con sólo 6 años por el régimen nazi, aspecto que marcó su infancia, afirma que ante una situación traumática, una persona puede tener varias estrategias de afrontamiento. Puede abandonarse al sufrimiento; tratar de ser indiferente o dedicarse a ser víctima. Ninguna de estas respuestas es resiliente (capacidad de sobreponerse a la adversidad). Ya que cada una de ellas supone un obstáculo para el desarrollo. En cambio, hacer algo con ese sufrimiento, utilizar la necesidad de comprender para trascenderlo y convertirlo en un proyecto social, laboral o cultural constituyen actitudes que impulsan a la resiliencia. Esto hicieron los protagonistas que este año acudieron al congreso a explicar su historia de superación personal.
La primera historia es la de Sara Andrés, una joven con los mismos sueños que cualquier persona de su edad. En el mejor momento de su vida, con un trabajo como profesora de educación primaria y disfrutando de su juventud, sufre en 2011 un accidente de coche que le lleva a perder los pies. A partir de ahí comienza su lucha para reinventarse. Se focaliza en el deporte, concretamente el atletismo, gracias a diferentes prótesis que le permiten correr y caminar. Sara ha llegado a ser campeona paraolímpica. Actualmente se prepara para su próximo reto: el mundial 2019 de Dubai y los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Afirma que: “Prefiero no tener pies y saber a donde voy, que tenerlos y estar perdida”.
La segunda protagonista, Lucía Lantero, con 25 años decidió marcharse de cooperante a Haití para ayudar en la recuperación del país tras el terremoto que lo asoló en 2010. Pero la situación que se encontró allí hizo que, finalmente, se quedara. Comprobó que había muchos niños de la calle, que no tenían ni nombre, eran violados y utilizados como esclavos.
Con mucho esfuerzo e incluso poniendo en peligro su propia vida entre amenazas y enfermedades, consiguió montar un orfanato, donde estos niños pudieran comer, tener un hogar seguro, recibir educación y atención psicológica. Desde luego, dedicar su vida a la cooperación no entraba en sus planes de futuro. Pero afirma que “no podía hacer otra cosa” así que cambió el rumbo de su vida. Hoy dirige su propia ONG, y afirma que en Haití encontró la felicidad.
El tercer protagonista, Kennet Chukwuka Iloabuchi, inmigrante nigeriano, relató su odisea de tres años para llegar desde su país a España. En Nigeria podía ver en la televisión de su vecino (ya que en su casa no había) como se vivía en Europa. Decidió emprender el viaje con el sueño de convertirse en abogado. En el trayecto fue engañado en multitud de ocasiones por las mafias. Estuvo a punto de perder la vida en otras tantas, y vio como a su lado perdían la vida compañeros de viaje. Finalmente consiguió llegar y trabajar en diferentes ámbitos como la construcción o el campo, enfocando finalmente su vocación al sacerdocio.
Por último, el actor Jesús Vidal, cuya discapacidad no le ha impedido alcanzar alguno de sus muchos sueños. Como el de participar en su primera película y llegar a ser el ganador de un Goya en la cinta “Campeones”. Para él este reconocimiento supuso “inclusión, diversidad y visibilidad. Las personas con diferencias ayudamos a que el arte sea mejor”.
Todas ellas son personas excepcionales, aunque, seguramente nunca se plantearon serlo. Por fortuna, no todo el mundo pasa por acontecimientos tan traumáticos como los de los protagonistas de estas historias. Pero cada uno arrastra alguna herida, con la que a veces es posible hacer de lo ordinario, algo extraordinario.

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